Uno de los paradigmas que no deja de asombrarme es que, incluso algunos ateos, se plantean la posibilidad de estar viviendo en una especie de acuario, o de caja de zapatos, o de una especie de vídeo juego estilo a los Sim.
No, estas estrategias, metafóricas o no, no cobran ningún sentido bajo la condición de estar expuestas a ningún dios ni ser superior o sobre natural.
Bien, aún en el peor de los casos en el que, efectivamente, otros seres estuvieran jugando o experimentando con nosotros, eso no justificaría la existencia de ningún dios y volvemos a las probabilidades de lo finito, las cuales son nulas. Es decir, bueno, somos las cobayas de otros seres pero esos seres están sujetos también a las leyes de la naturaleza y de la evolución y, de la misma manera, ellos podrían ser las cobayas de otros seres y, así, sucesivamente. Pero no habría ningún dios al final de ningún proceso porque el final sólo es una auto limitación de defensa de nuestra mente.
Dicho de otra manera, podría concebir, de hecho puede ser racional, que halla seres más inteligentes y desarrollados que nosotros pero ni de lejos nos sostienen.
Esos seres, de existir, es evidente que estarían tan lejos de nosotros (por las probabilidades para habernos encontrado ya) que lo más posible es que sólo lleguemos a conocer vestigios de ellos, si acaso, como los que hoy podemos llegar a percibir de estrellas que aún brillan pero, sin embargo, se han extinguido ya.
También convendría analizar, entonces, con las premisas expuestas al principio, que seríamos el ante último eslabón de una cadena experimental de laboratorio porque no se escaparía de nuestro alcance conocer si las cobayas estarían experimentando de igual manera con otros seres diminutos en un mundo realizado por ellos.
Creo que visto de esta manera se muestra definitivamente lo absurdo e incongruente de la cuestión en sí.
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