Se ha sobredimensionado tanto la figura de la religión que se ha sobre-excedido el concepto de respeto, acaparándolo por completo, muy por encima incluso de lo natural de la naturaleza.
De hecho, hoy es corriente escuchar desde sus púlpitos a representantes de las principales religiones profiriendo toda clase de improperios sin que parezcan depurarse las adecuadas responsabilidades. Incitan al odio y hacen apología de la desigualdad de condición por género, condición sexual e, incluso, religión; todo ello burlando los conceptos de Derecho internacionales.
Y cuando digo burlando lo digo en el sentido peyorativo, pues no es con terminologías ambiguas ni con otras artes linguísticas sino mofándose en la misma cara de los derechos humanos y de la mayor parte de constituciones que, empero, las protegen.
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