Detengámonos, por un momento, en el entendimiento de la concepción de las cosas sólo por el hecho de entenderlas. Es decir, si nos lo podemos imaginar y entendemos de qué hablamos, existe.
Esto, pero con rollos de perfección y tal, es más o menos la explicación que daba Anselmo de Canterbury.
Osea, que también existen los unicornios, los pegasos, los dragones de siete cabezas, Bob Esponja,... La verdad es que no sé si consigo mostrar lo ridículo que suena. En todo caso, me parece científicamente más posible que existan estos ejemplos citados que no la existencia de un dios que, sin embargo, concebimos como idea porque la imaginación y nuestra habilidad con el lenguaje nos lo permite imaginar. Aún así, con todo y eso, ningún creyente dice que su dios es de tal o cual manera, incluso en alguna religión está prohibido.
De todas maneras, esto no demuestra más que la poética con que encauza por el redil la religión, pero de ninguna manera que, por ser capaz de concatenar palabras seguidas y poder ser entendido el propósito, se lleve razón.
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